Películas de terror… ¿Por qué nos atraen?

La verdad es que a un gran sector de la población mundial le gusta ver películas de terror con regularidad. Pero… ¿Por qué nos sometemos voluntariamente a situaciones estresantes que nos hacen sentir miedo si es éste una emoción negativa? Así, cuando nos detenemos a pensar en la razón que subyace a este comportamiento humano nos topamos con que probablemente no es una sola causa la que incita a las personas a consumir el cine de horror, sino varias. Para ello los neurocientíficos y psicólogos han desarrollado una serie de teorías que pretenden dar una respuesta a esta interrogante, y, si bien cada una de por sí puede no convencernos del todo, en conjunto nos proporcionan, como mínimo, una perspectiva bastante congruente del por qué vemos películas de terror.

Teoría disposicional: Los personajes “buenos” y los “malos”

Ineludiblemente toda narración, ya sea ficticia o no, necesita de una buena trama “que enganche” y protagonistas con los que el espectador pueda identificarse. Por eso es de primordial importancia que los guionistas trabajen con sutileza y esmero la psicología de sus personajes. Es necesario que el espectador pueda ponerse en los zapatos del protagonista y sentir las situaciones por las que atraviese como suyas propias. Así, una gran parte de la calidad de las películas puede evaluarse respecto a la capacidad que tengan éstas de suscitar la empatía del espectador hacia los personajes. Sin embargo, el espectador no empatiza de la misma forma con todos los personajes.

Y aquí es donde entra en juego la teoría disposicional, que expone que una vez hemos visto las las primeras escenas de una película inmediatamente tendemos a asumir los roles del “bueno” y del “malo” inconscientemente. En base a esto, organizamos los papeles en nuestra cabeza y generamos expectativas de lo que va a suceder. De esta forma, en las películas de terror solemos asumir que los personajes positivos serán objeto de numerosas desgracias; y a medida que le van ocurriendo infortunios comenzamos a experimentar cierta empatía ycompasión hacia ellos. Así, ejercemos de observadores morales durante toda la película y juzgamos a conveniencia los hechos y las personas a las que les ocurren. Creando lo que se conoce como disposiciones afectivas.

Disposiciones afectivas positivas y negativas

Si se desarrolla una disposición afectiva positiva hacia un personaje, la expectativa es que le ocurran cosas buenas y se teme a la posibilidad de que pueda ser lo contrario. Por otra parte, si se desarrolla una disposición afectiva negativa, se espera que los actos de ese personaje lo lleven a la desgracia. Lo que viene siendo algo así como un principio de justicia, y suele consumarse en mayor o menor medida en las películas exitosas. Al cumplirse nuestras expectativas respecto al destino de los personajes, se estimula la síntesis de dopamina en nuestro cerebro y en consecuencia experimentamos una sensación de placer. Este proceso de disposición afectiva es explotado con frecuencia en el cine de terror: películas como “It” “Scream” y “Carrie” son ejemplos de ello.

Pennywise, payaso de la película de terror "It"
Pennywise, de la película de terror «It»

A más sufrimiento… ¿mejor valoración?

No obstante, la teoría de la disposición no es suficiente cuando queremos explicar el por qué nos agrada que nuestras expectativas se frustren; algo que sucede en varias películas de terror. Si deseamos que a X personaje, que es tan buena persona, no le suceda nada malo, ¿por qué disfrutamos cuando se ve en una encrucijada? Muchos estudios demuestran un principio de inversión hedónica en la evaluación de personajes dramáticos. Cuanto más sufrimiento se provoque en el espectador, mejor será la valoración que éste le otorgue a la película. Suena un poco paradójico ¿no?

Teoría de la transferencia de la activación

Sin embargo, este fenómeno tiene una base fisiológica que se explica mediante la llamada teoría de transferencia de la activación. De acuerdo con esta teoría, el gusto que sentimos al ver películas de terror no es gracias al sufrimiento de los personajes en sí. Explica que a medida que van ocurriendo desgracias, seguimos manteniendo nuestra esperanza en las expectativas iniciales; y al llegar el final y cumplirse las expectativas, el impacto del placer de una emoción positiva; después de tantas negativas y sus reacciones fisiológicas consecuentes, es mucho mayor. Se pudiera decir que es un proceso de habituación a las desgracias que nos sensibiliza hacia los éxitos.

La ansiedad en bajas dosis de las películas de terror

Para algunos científicos, el ver películas de terror se asemeja a aquellos juegos en los que solíamos participar de chicos. Si las emociones negativas son desencadenadas en bajas dosis y en un contexto controlado y seguro; cabe la posibilidad de que generen cierta sensación de placer. Al jugar al escondite los pequeños se someten voluntariamente a experimentar dosis tolerables de suspenso, ansiedad y hasta miedo; pero al saber que el riesgo no es real, sienten placer. Lo mismo sucede con las películas de terror; desde la seguridad de nuestros hogares estamos conscientes de que nada de lo que sucede en la película puede afectarnos realmente.

¿Por qué a todos no nos gustan las películas de terror?

Según el danés Mathias Classen, autor de “Por qué el horror seduce”, si una persona posee lo que se conoce como alta “imaginación intelectual” o “apertura a experiencias” tiene más probabilidades de ser fan de las películas de este género. Lo que parece indicar que quienes disfrutan de este género son personas que, en general, disfrutan el ser estimulados artística, intelectual y estéticamente. Por otra parte, es menos probable que aquellos que tienen respuestas muy fuertes ante estímulos negativos disfruten de este tipo de filmes; porque las emociones negativas propias de cualquier película de terror pueden llegar a abrumarlos. También existe una tercera posibilidad, representada por una no muy numerosa cantidad de individuos a los que es muy difícil provocar sensaciones de miedo. Estas personas, como es lógico, no suelen ver películas de terror porque simplemente se aburren.

Aun así, de acuerdo con las estadísticas, las personas a las que les desagradan las historias de terror tienden a ser más educadas. “Hemos encontrado, para nuestro asombro, una correlación negativa entre el agrado por las tramas de horror y la educación”, afirmó Classen.