¿Por qué se dice que el alma pesa 21 gramos?

¿Por qué es tan famosa la frase que dice que el alma pesa 21 gramos? La historia detrás de esta afirmación es bastante interesante… y aquí podrás conocerla con todos sus detalles.

Todo comenzó cuando, a principios del siglo XX, un médico llamado Duncan McDougall tuvo la “no tan brillante” idea de utilizar las ideas del mundo físico para comprobar la existencia de un “más allá” inmaterial. Su objetivo era buscar evidencias de la existencia del alma.

El experimento de los 21 gramos

McDougall partía del supuesto de que, si el alma dejaba algún tipo de huella o rastro en el cuerpo humano, este debía encontrarse en el momento de la muerte.

Así, se propuso medir el peso del alma, y para ello se valió de un complejo sistema de balanzas vinculado a una especie de cama. Más tarde, convenció a seis personas que estaban próximas a morir para pasar sus últimas horas en la cama especializada, de modo que registró estrictamente las variaciones de su peso, tanto antes como después del momento fatídico. Los resultados fueron fueron los siguientes:

  1. Primer sujeto de prueba: Al morir perdió exactamente 21 gramos.
  2. Segundo sujeto de prueba: Durante las primeras cuatro horas perdió alrededor de 85 gramos en total. Cuando los músculos de la cara dejaron de moverse la balanza indicó 14 gramos menos. Y en el momento en que comprobaba si el corazón se había detenido, el cuerpo perdió 46 gramos más.
  3. Tercer sujeto de prueba: Al morir perdió instantáneamente 14 gramos, y “durante los siguientes minutos” perdió otros 28 gramos.
  4. Cuarto sujeto de prueba: Consideró que la prueba no era válida.
  5. Quinto sujeto de prueba: Su muerte conllevó la pérdida de 11 gramos.
  6. Sexto sujeto de prueba: Consideró que la prueba no era válida.

Según McDougall, ningún proceso fisiológico podía explicar la pérdida de peso, por lo que terminó concluyendo que quizás “el alma pesa 21 gramos”.

La muerte conlleva una pérdida inmediata de peso corporal, la cual se relacionó con la partida del alma
La muerte conlleva una pérdida inmediata de peso corporal

Pruebas en perros

Para cerciorarse de que su teoría estaba en lo cierto McDougall decidió repetir el experimento con 15 perros. Sin embargo, con ellos no pudo registrar ninguna variación de peso durante el momento de la muerte. De esto supuso que no solo había encontrado evidencias de la existencia del alma humana, sino que también había demostrado que, al no detectar cambios de peso en los perros, la humanidad era superior respecto a los demás animales en cuanto era la única que tenía alma.

¿Entonces… estaba en lo correcto, y verdaderamente el alma pesa 21 gramos?

La respuesta corta es NO. Si bien el artículo de McDougall fue portada en todos los periódicos de aquel entonces, principalmente porque daba fundamento a algo en lo que la mayoría quería creer, también es cierto que no todo el mundo parecía estar de acuerdo con sus resultados. Sobre todo la comunidad científica de aquella época era la que desconfiaba enormemente de los intentos de subyugar el método científico al mundo de lo sobrenatural.

Primero que todo, hay que señalar que la conclusión a la que llegó con su experimento con los perros es incorrecta. En 2001 un investigador hizo la misma prueba con ovejas y, tras la muerte de 12 ejemplares, detectó que durante este momento se producían variaciones de peso de entre 18 y 780 gramos aproximadamente. ¿Qué significa esto, que las ovejas son más humanas que los perros? Bueno, el médico Augustus P. Clarke apela al hecho de que los perros no tienen glándulas sudoríparas repartidas por el cuerpo… ¿y que tiene que ver? Lo verás más adelante.

Es absurdo decir que el alma pesa 21 gramos, hay otras razones mucho más plausibles

Algunas explicaciones del por qué los humanos experimentan tal pérdida de peso después de la muerte son las siguientes:

Antes que todo, hay que tener en cuenta que la persona promedio pesa unos 70 kg aproximadamente, por lo que la masa “perdida” que se detectó durante los experimentos es extremadamente pequeña en comparación con el total. Además, dichas variaciones de masa pueden tener lugar en el cuerpo en condiciones fisiológicas y nada sobrenaturales.

Cuando morimos expulsamos el aire de los pulmones… y también de otras “partes”

Conocemos que al morir sí hay una cosa que nuestro organismo expulsa instantáneamente: el aire que contienen los pulmones. Y aunque no lo notemos, el aire tiene masa. De esta manera, dado que actualmente se ha estimado que los pulmones pueden almacenar hasta 7.8 gramos de aire, cantidad que se puede hasta duplicar por el hecho de que los pulmones retienen la humedad; se puede suponer que con la muerte se puede expulsar hasta 15.6 gramos de aire. Otra cosa, y es que, junto con la muerte normalmente también se expulsan gases por la otra “parte” del cuerpo, por lo que se pierde masa por ambas vías.

Nuestro cuerpo está perdiendo masa constantemente por evaporación de agua

Quizás esta sea la razón principal por la cual McDougall no detectó variaciones de peso en los perros al morir, a diferencia de los humanos. Hay que tener en cuenta que la mayoría del cuerpo de cualquier mamífero, incluidos los humanos, está compuesto por agua. El hombre, por ejemplo, puede perder hasta 600 gramos de agua por evaporación a través de la piel.

Al no tener los perros glándulas sudoríparas en aquellas zonas de su cuerpo cubiertas por pelo, mientras que los seres humanos y las ovejas las tienen distribuidas por doquier; se podría explicar el hecho de que McDougall no haya podido detectar cambios en su cuerpo durante los experimentos a causa que los perros pierden mucho menos masa por evaporación de la piel que los demás animales.

Perro
Los perros no tienen glándulas sudoríparas repartidas por todo el cuerpo

Una conclusión mediada por creencias propias

Para concluir, hay que aclarar que McDougall basó sus conclusiones en ligerísimos cambios registrados en tan solo dos pares de sujetos, y, aun así, ningún resultado se repitió. El veredicto científico es que, ni el alma pesa 21 gramos, ni el experimento comprobó la existencia del alma. Entonces… ¿Por qué tanta repercusión?

La verdadera importancia histórica de este experimento no está en sus errores, sino en el objetivo a que apuntaba. Sus resultados planteaban una justificación a la existencia de ese “algo más” que siempre hemos buscado. Sus hipótesis, que solo podían sostenerse en un ambiente dominado por la religiosidad dogmática, se desmoronan automáticamente ante el método científico.