La Fundación Roma, con sede en Raleigh, Carolina del Norte, puso en circulación el 1 de junio de 2026 la quinta edición de sus criterios internacionales para los trastornos de la interacción intestino-cerebro. La actualización amplió el diagnóstico del síndrome de intestino irritable al reincorporar el malestar abdominal y reducir la frecuencia mínima exigida de síntomas.
El consenso fue elaborado por más de 140 especialistas de 27 países y reemplaza el marco Roma IV, publicado en 2016. Las nuevas pautas coinciden con el enfoque planteado por el gastroenterólogo argentino Fabio Damián Nachman: evaluar el cuadro completo, descartar enfermedades con manifestaciones similares y evitar tratamientos generales presentados como soluciones rápidas.
Roma V baja el umbral a tres días de síntomas al mes
Roma IV exigía dolor abdominal, en promedio, al menos una vez por semana durante los tres meses previos. Roma V vuelve a incluir el concepto de malestar abdominal junto con el dolor y reduce el umbral clínico a tres días por mes.
El cambio pretende reconocer a pacientes que tienen alteraciones intestinales persistentes y limitaciones cotidianas, pero que quedaban fuera del criterio semanal. La evaluación también considera la relación de los síntomas con la defecación y los cambios en la frecuencia o apariencia de las heces.
- Fecha de entrada en circulación: 1 de junio de 2026.
- Participantes: más de 140 expertos de 27 países.
- Nuevo umbral: síntomas durante tres días al mes.
- Cambio central: el malestar abdominal vuelve a contar además del dolor.
- Enfoque: criterios separados para investigación y práctica clínica.
El documento distingue por primera vez entre criterios de investigación, con límites uniformes para los ensayos, y criterios clínicos, que permiten considerar la intensidad, el impacto funcional y las características individuales. El síndrome continúa clasificado como un trastorno de la interacción intestino-cerebro y no como una lesión visible del colon.
El diagnóstico exige revisar celiaquía, inflamación y señales de alarma
No existe una prueba única que confirme el síndrome de intestino irritable. La historia clínica, el examen físico y un número limitado de análisis suelen ser suficientes cuando el paciente presenta el patrón característico y no tiene signos de alarma.
En personas con diarrea se recomienda realizar pruebas serológicas para descartar enfermedad celíaca. También pueden solicitarse proteína C reactiva y calprotectina fecal para diferenciar el síndrome de una enfermedad inflamatoria intestinal.
La pérdida de peso sin explicación, la anemia, el sangrado rectal, las heces negras, la diarrea nocturna o los antecedentes familiares de cáncer colorrectal requieren estudios adicionales. Una colonoscopia no se indica de forma rutinaria en menores de 45 años sin esas señales, aunque debe respetarse el calendario de detección de cáncer correspondiente a cada paciente.
Nachman, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Fundación Favaloro desde 2009 y expresidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología, ha insistido en diferenciar el síndrome de otras enfermedades digestivas. El especialista se formó en la Universidad Nacional de Rosario y en el Hospital de Gastroenterología Dr. Carlos Bonorino Udaondo.
La dieta baja en FODMAP se limita a cuatro o seis semanas
Las recomendaciones actualizadas incorporan la alimentación como una parte del tratamiento, pero no establecen una dieta universal. La intervención con mayor respaldo es la dieta baja en FODMAP, que restringe temporalmente determinados carbohidratos fermentables presentes en productos como trigo, cebolla, ajo, algunas legumbres, lácteos y varias frutas.
La fase restrictiva debe durar como máximo entre cuatro y seis semanas. Después se reintroducen los alimentos de manera gradual para identificar desencadenantes y diseñar una alimentación personalizada, preferentemente con supervisión profesional.
La fibra soluble, presente en avena, legumbres y productos con psyllium, puede mejorar los síntomas globales, especialmente cuando predomina el estreñimiento. El aumento debe ser gradual porque una incorporación brusca puede incrementar los gases y la distensión abdominal.
La eliminación permanente del gluten no se recomienda automáticamente. Algunas personas sin celiaquía informan mejoría, pero los ensayos clínicos han ofrecido resultados mixtos y retirar el gluten antes de las pruebas puede alterar el diagnóstico de enfermedad celíaca.
Los tratamientos cambian según diarrea o estreñimiento
No existe una cura rápida ni un único tratamiento eficaz para todos. En el síndrome con diarrea pueden utilizarse, bajo indicación médica, rifaximina, loperamida, eluxadolina o alosetrón; en el subtipo con estreñimiento se contemplan fibra soluble, laxantes y medicamentos como linaclotida, plecanatida o lubiprostona.
Roma V también integra terapia cognitivo-conductual dirigida al intestino, hipnoterapia y técnicas de relajación. Estas intervenciones no implican que los síntomas sean imaginarios: buscan actuar sobre la comunicación bidireccional entre el sistema nervioso y el aparato digestivo.
Las llamadas limpiezas de colon y las restricciones alimentarias extremas no forman parte del manejo recomendado. El siguiente paso será la incorporación gradual de Roma V a cuestionarios, protocolos hospitalarios y consultas de atención primaria, mientras cada paciente deberá recibir un plan definido por su subtipo, señales clínicas y respuesta al tratamiento.
