Los llamados “ojos de pescado” en los pies suelen ser verrugas plantares, una lesión causada por el virus del papiloma humano. Aparecen con frecuencia en la planta del pie, donde el peso del cuerpo presiona la piel hacia adentro y puede hacer que la lesión duela al caminar.
Aunque a veces se confunden con un callo, no son lo mismo. La diferencia más visible es que la verruga plantar puede mostrar pequeños puntos oscuros, tiene una superficie rugosa y suele generar molestia al apoyar, sobre todo cuando está en zonas de presión como el talón o la parte anterior del pie.
Cómo se contagian y por qué aparecen
Estas lesiones se producen cuando el virus entra en la piel por pequeñas grietas, rozaduras o cortes. El contagio puede favorecerse en lugares húmedos y de uso compartido, como duchas, vestidores, albercas o superficies donde varias personas caminan descalzas.
No todas las personas expuestas desarrollan una verruga. La aparición depende de factores como el estado de la piel, la fricción constante y la respuesta del sistema inmunológico. Por eso es común que se presenten en niños, adolescentes y adultos que pasan mucho tiempo con el pie húmedo o con calzado cerrado.
- Causa: virus del papiloma humano
- Zona frecuente: planta del pie, talón y dedos
- Vía de entrada: pequeñas heridas o piel reblandecida
- Ambientes de riesgo: duchas, vestidores y zonas húmedas
Cómo reconocer una verruga plantar
El síntoma más común es el dolor al caminar o al presionar la zona. A diferencia de un callo, la verruga puede interrumpir las líneas normales de la piel y presentar un centro endurecido con puntitos oscuros, que corresponden a pequeños vasos sanguíneos.
También puede haber sensación de cuerpo extraño, ardor o molestia al usar ciertos zapatos. Cuando la lesión crece o se multiplica, caminar puede volverse incómodo y la persona comienza a modificar su pisada, lo que aumenta la presión en otras partes del pie.
Diferencias con un callo
El callo suele ser una respuesta de la piel al roce y la presión, mientras que la verruga es una infección viral. El callo suele doler más al presionarlo directamente, pero la verruga puede doler incluso al apretarla desde los lados o al caminar sobre ella.
Observar la textura y la ubicación ayuda a orientarse, pero el diagnóstico correcto debe hacerlo un profesional de la salud, especialmente si la lesión cambia de tamaño, sangra o aparece en varias zonas del pie.
Qué tratamientos se usan para eliminarlas
El tratamiento depende del tamaño, la cantidad de verrugas y el tiempo que llevan presentes. Una de las opciones más utilizadas es el ácido salicílico, que ayuda a retirar poco a poco la capa endurecida de la piel. Suele requerir constancia y varias semanas de aplicación.
Otra alternativa frecuente es la crioterapia, un procedimiento en el que se congela la lesión para destruir el tejido infectado. En algunos casos también se recurre a soluciones tópicas, raspado médico o combinaciones de tratamientos, según la evolución del paciente.
- Ácido salicílico: uso continuo y supervisado
- Crioterapia: congelación de la verruga
- Raspado médico: retiro del tejido endurecido
- Seguimiento: necesario si la lesión reaparece
Es importante no cortar, arrancar ni quemar la verruga por cuenta propia. Eso puede irritar la piel, causar infección y favorecer que el virus se extienda a otras áreas del pie o a otras personas por contacto directo o con objetos contaminados.
Cómo evitar que se propaguen y cuándo buscar atención
La prevención se basa en mantener los pies secos, usar sandalias en áreas comunes húmedas y no compartir toallas, calcetines, limas ni cortaúñas. También ayuda revisar los pies con regularidad, especialmente si ya hubo verrugas antes.
Si la lesión duele mucho, crece rápido, sangra o aparecen varias al mismo tiempo, conviene buscar valoración médica. También es recomendable consultar cuando hay diabetes, mala circulación o defensas bajas, porque en esos casos cualquier herida en el pie requiere más cuidado.
La clave es actuar pronto: cuanto antes se identifique la verruga plantar, más sencillo suele ser el tratamiento y menor el riesgo de que se extienda. Mantener una rutina básica de higiene y protección en lugares húmedos es la mejor forma de reducir el contagio y evitar recaídas.
